Caminos de crecimiento y relaciones

Artículo en ARTICULOS JIF, Perspectiva, Psicologia, Relaciones por publicado el 24 junio, 2011 0 Comentarios

CAMINOS DE CRECIMIENTO Y RELACIONES

Creo firmemente que aprender a conocernos y abrirnos al cambio y al crecimiento es la tarea más importante de nuestra vida. La “Verdad” tiene muchas caras. (Maritha Pottenger)

Hay muchos caminos y sería absurdo o falso decir lo contrario. Pero no es lo mismo ir por una excelente vía recta y de día que atravesar obscuros barrancos y pedregales. Algunos caminos son especialmente difíciles y arriesgados, poco recomendables para quienes realmente quieren avanzar. Puede suceder que nos toque transitarlos temporalmente hasta que descubramos caminos más adecuados. Otros caminos permiten avanzar y crecer en conciencia con mayor aprovechamiento y potencial para la transformación.

No es lo mismo el viaje en soledad que el viaje acompañado, pero ambas experiencias son recomendables y necesarias para el verdadero viajero. De alguna manera se interconectan, ya que es posible viajar acompañado y a la vez en soledad, y viajar sólo sintiéndose acompañado. Si bien el camino real es solitario, interior y único para cada uno, la aportación de los guías o faros del camino es muy valiosa. También lo es la de los compañeros de camino y las experiencias que nos aporta el compartir en un grupo consciente. Son importantes las tres opciones:

  • Vivir espacios de soledad con habitualidad y aprovecharlos para el valioso encuentro interior, el silencio consciente, la indagación y observación contemplativa.
  • Abrirse a experiencias relacionales profundas con dinámica grupal, en especial las más estables, terapéuticas y conscientes organizadas adecuadamente.
  • Considerar, aprovechar e investigar vivencialmente la enseñanza o experiencia de personas de sabiduría y experiencia relevante.

POTENCIAL DE LAS RELACIONES PARA EL DESARROLLO CONSCIENTE

Las relaciones constituyen un área fundamental para el desarrollo y crecimiento humano. Hablamos de potencial dado que las relaciones aportarán madurez y conciencia a nuestra vida en la medida que aprendamos de ellas. No es una cuestión de cantidad de experiencias o de relaciones sino más bien de capacidad de extraer valiosas tomas de conciencia de las mismas. Hay personas que coleccionan múltiples experiencias o relaciones que son vividas superficial o inconscientemente. Lo hacen más como una vía de escape de uno mismo o de la soledad, o como deriva del ego hacia la búsqueda compulsiva de escenarios, que sobre todo pretende tapar deficiencias no reconocidas, adicciones, etc.

Todo encuentro humano tiene el potencial de aportarnos algo y debe ser honrado. No obstante existen algunos entornos supervisados y creados en condiciones especiales para propiciar un ambiente óptimo para el crecimiento humano. Las relaciones habituales suelen restringirse a parte de la familia y algunos amigos afines. Es un núcleo reducido y protegido de personas con las que estamos cómodos y donde nos sentimos seguros. La mayoría de personas no suelen salir de ese círculo salvo necesidad, o por situaciones sobrevenidas o tormentas, que la vida trae a través de separaciones o pérdidas.

Tendemos a limitarnos a un pequeño mundo de relaciones. Es un territorio controlado o neurótico relacional. En ocasiones, esconde simples muletas o dependencias en vez de relaciones maduras. Pero podemos – sugeriría debemos – dar el paso de ir más allá. Tenemos mucho que ganar al abrirnos a lugares relacionales desconocidos pero de grandes posibilidades para nuestro desarrollo y crecimiento. Uno de ellos, que tratamos en un apartado posterior, es el de los grupos estables de crecimiento, donde tratamos con personas desconocidas que no son parte de nuestra familia o nucleo de amistades, y lo hacemos en un conjunto de condiciones y circunstancias que favorecen enormemente nuestro crecimiento y madurez.

Existen otros escenarios valiosísimos para experimentar esta expansión relacional consciente, como son los talleres intensivos grupales especializados de crecimiento o las formaciones vivenciales estables que incluyen dinámica grupal, entre otros. Los viajes organizados que incluyen silencio y un compartir consciente son un buen complemento. Tanto por experiencia propia como por lo observado en participantes, sugeriría opciones suficientemente estables como las formaciones vivenciales o los grupos de crecimiento. Permiten al participante un recorrido suficiente en el tiempo para beneficiarse de la dinámica grupal, para observarse y ser observado, para profundizar en las relaciones y escuchar las devoluciones propias y ajenas. Es clave asistencia regular, con participación e integración suficiente.

Las relaciones pueden aportarnos mucho si realmente aprovechamos la oportunidad de crecimiento que estas proporcionan. Ayuda una actitud interior, una disposición abierta a observar y observarnos, a tomar conciencia, a escuchar realmente. Para ello el adiestramiento o aquietamiento de la mente y de los procesos psicológicos asociados es especialmente útil. Una determinada colocación interior más coherente y atenta permite  afrontar desde un lugar valioso las relaciones. Aquí aparece una cuestión básica: llevamos a las relaciones aquello que vivimos internamente. Dicho de otra manera, nuestras relaciones mejorarán en la medida que cada persona crezca y madure. El trabajo es individual. El “conócete a ti mismo” sigue siendo prioritario. En la medida que te comprendas, conozcas y crezcas así contribuirás al mundo y a las relaciones. El resultado colectivo es fruto de los procesos individuales. Por ello el objetivo debería ser ocuparnos de lo que realmente nos toca, nuestro cuerpo-mente o psicocuerpo, sin olvidar lo transpersonal, el encuentro interior. Y así poder estar en las mejores condiciones. Tolstoi decía: “Muchos se preocupan de arreglar el mundo y muy pocos de arreglarse a si mismos”. Cada uno ha de hacer sus propios deberes en beneficio de las relaciones.

Para la mayoría de las personas el día y la vida transcurre como un continuo de actividad. Muchos buscan compañía desesperadamente huyendo de la soledad o más bien, de si mismos. El yo rellena su vacío o sensación de falta con la compañía de afines y con la tendencia a entretenerse con actividades que le proyecten fuera de sí (tv…mundo externo) o que le aporten algún placer o beneficio. La mayoría vive una vorágine de actividad, en lo laboral y en el tiempo libre, tanto en la soledad como en la compañía. Incluso en los escasos momentos de quietud física se tiende a la actividad, a través del movimiento mental, de la identificación con el pensamiento, que nos traslada a la memoria pasada o imaginarios futuros.

ORIGEN, CONFLICTO Y OPORTUNIDAD EN LAS RELACIONES

Partimos de la fusión con la fuente. Unidos a la madre nacemos a la separación física a un ser que ha de realizar su propio proceso de individuación psicológica, aunque esto pueda demorarse u obstaculizarse en el tiempo. Las primeras heridas también nacen con las relaciones y experiencias de la infancia en el seno familiar. Estos conflictos tenderán a manifestarse en la edad adulta reiteradamente a no ser que sean adecuadamente tratados. Y todos sufrimos de algún tipo de trauma, herida o conflicto asociado a las relaciones, desde el útero materno y durante los primeros años de nuestra infancia. Así como la mayoría trata de inmediato sus heridas físicas, las heridas psicológicas o psíquicas son generalmente ignoradas o evitadas. Pero se instalan en el carácter, dando lugar a hábitos o actitudes similares que vivimos una y otra vez, a modo de destino inevitable. Se convierte en un sufrimiento crónico que la mayoría prefiere en vez de atenderlo como haríamos con cualquier herida física. Un sufrimiento inútil por desconocimiento o miedo al dolor del tratamiento.

Lo que debe saber cualquier persona, es que ese sufrimiento crónico no evita que la herida duela y que afecte a los demás, y que se transmita a generaciones posteriores. El tratamiento será siempre menos doloroso que un continuo sufrimiento de aparente baja intensidad, por muy soterrado que esté, o amortiguado con hábitos, adicciones y dependencias varias. Vale la pena hacer algo al respecto, y si no lo hacemos por nosotros, hagámoslo por los demás que sufren las consecuencias. Porque en general, quien sufre hace sufrir a los demás. Tampoco es excusa la falsa creencia heredada que dice que soportar el sufrimiento innecesario nos da méritos espirituales. El saber aceptar el dolor que nos trae la vida no implica no poder tratarlo. Observemos una distinción fundamental que a veces no nos planteamos y es básica en cualquier discernimiento: no es que no podamos muchas veces, simplemente es que no estamos dispuestos. Hay opciones, caminos, soluciones que podemos tomar y evitamos.

He constatado con la experiencia en el trabajo tanto individual como grupal y a través de talleres especializados, que es mucho lo que se puede hacer para tratar estos temas. Que vale la pena hacerlo, ya que el potencial transformador es enorme. Hemos visto a muchas personas que se han beneficiado de todos estos procesos, logrando cambios y avances que les han permitido un verdadero crecimiento. El trabajo ha de ser integral e incluir una visión transpersonal que permita a la persona responsabilizarse y hacerse cargo de su vida. Esto sucederá a través de una transmisión de perspectiva que ayude a transcender patrones o creencias limitantes, también con el uso de diferentes técnicas disponibles. La capacidad, presencia y habilidad del terapeuta será clave, pero la persona ha de hacer su parte.

En todo caso requiere el valor de dar el paso, confianza y disposición por parte de la persona. Se trata de  realizar un proceso muy valioso pero que necesita de un ritmo y despliegue adecuado en el tiempo. Quienes sólo están interesados en tratar los síntomas o quienes no desean responsabilizarse y simplemente buscan la comodidad y/o evitar el crecimiento real, seguirán buscando “soluciones” fáciles. Hablamos de sucedáneos o “atajos” que tapen los síntomas, ya sean sustancias legales o no, o cualquier adición o dependencia relacional, física, etc. que les permita seguir sobreviviendo inconscientemente.

© Jose Ignacio Fernández  – Mayo 2011)

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Sabiduría es saber distinguir entre lo que necesita demostración y lo que no lo necesita (Aristóteles)