Cuando nos centramos en meditación la energía física, emocional y mental tiende a calmarse. Cuando nos alineamos, permitimos que nuestro ser interior aflore y comenzamos a sentir su suave naturaleza. Y mientras todo esto sucede como experiencia privada, también estamos radiando esta vibración al exterior desde nuestros cuerpos al ambiente externo.

En la meditación grupal cada uno de nosotros contribuimos al ambiente grupal. Nuestros cuerpos energéticos experimentan los cambios en vibración y esto sujeta a nuestro sistema nervioso. Como radiamos y a la vez podemos sentir la energía creada por los demás, es fácil ver como la meditación en grupo puede ser beneficiosa:

Hay un efecto onda que multiplica su beneficio. Es similar al efecto físico que se puede observar en el mar cuando las olas pequeñas sirven para crear una ola más grande. Así la calmada vibración de una sola persona ayuda a otra persona. Y cuando se calma contribuye a que otra persona pueda calmarse. Olas de calma toman fuerza. Y así, el grupo completo, se aprovecha y beneficia de las personas que se calman primero. Estas primeras personas son las que crean un ambiente, un camino, para que todas las demás personas en el grupo puedan alcanzar el mismo estado siempre que no se cierren a ello creando negatividad. Las personas frecuentemente tienen su primera experiencia de centramiento en grupo.

El efecto ambiental combinado de varias personas compartiendo el silencio hace mucho más fácil a todos, pero especialmente a los principiantes, lograr centrarse y alinearse, ya que esta vibración les toca, suaviza y alinea.Una de las características interesantes de la meditación grupal es que casi todo el mundo nota cuando todo el grupo se ha relajado y centrado. Puede ser también un gran apoyo para meditadores más experimentados. Recuerda lo que decía Jesús: “Cuando dos o más se reúnen en mi nombre…”.

El silencio consciente compartido en grupo es un gesto simbólico de cooperación espiritual que transciende la separación aparente entre las personas.

La belleza de la meditación en grupo: apoyo colectivo pero poder personal. Compartimos el proceso de relajarnos y centrarnos. Luego, con el apoyo del centramiento del grupo, en un ambiente suave, podemos continuar con nuestra propia meditación personal.

El silencio compartido es también extraordinariamente útil para ayudar a las personas en la acción, por ejemplo, en el trabajo conjunto. Sin tumultos, en silencio, nuestras vibraciones de la personalidad se amoldan y acostumbran unas a las otras. Si hay alguna fricción de la personalidad en un grupo, compartir silencio consciente juntos, ayuda mucho a transformarlo. (A. Walker)

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