Espiritualidad discreta y sin objeto

Artículo en ARTICULOS JIF, Espiritualidad por publicado el 26 enero, 2012 0 Comentarios

Espiritualidad tiene que ver con el estado de conciencia, no con la adhesión a creencias o tradiciones. Espiritualidad es aquello perteneciente al espíritu según el diccionario. La espiritualidad puede estar presente tanto en la religión como fuera de ella. Lo espiritual no es patrimonio de religión o colectivo alguno, la verdad o lo divino no son propiedad de nadie. Como Ghandi decía: “Dios no tiene religión”. La espiritualidad es accesible a todos, como naturaleza esencial, independiente de creencias o afiliaciones de cualquier tipo, incluidas las religiosas.

Para llevar el hábito religioso se exige voto de obediencia a la organización y a la doctrina. Una religión es una institución gestionada por hombres. La espiritualidad real es libertad y amplitud de conciencia.

La realidad es mucho más que sus apariencias o superficie. “Lo esencial es invisible a los ojos”..  La mayoría desconoce la espiritualidad discreta cuyo despliegue silencioso aumenta. Contrasta la espectacular atención mediática sobre el Vaticano con la escasa atención que reciben otros colectivos y en especial, la espiritualidad aconfesional. ¿Dónde se encuentra esa espiritualidad alternativa?  En personas que la viven en formas diversas. ¿Cómo se diferencia de la religiosa?  Prevalece lo esencial sobre lo tradicional y ritual, el fondo sobre la forma, el espíritu sobre la estructura.         

Existe una espiritualidad libre y no adscrita, vivida a lo largo de la historia por seres humanos que no pertenecen a religión alguna. Como algunos dicen: “Jesús no era Cristiano y Buda no era Budista”. Ellos fueron hombres libres fieles a la verdad que cuestionaron las tradiciones y religiones de su tiempo.  Los cristianos o budistas vinieron después. Hay personas que viven una espiritualidad profunda fuera de la religión. Y viceversa, hay personas en la religión que no viven espiritualmente sino un rol o repetición mecánica de ritos o actividades desconectados de su verdadero ser. “Tener un piano no le hace a uno pianista” como tampoco  pertenecer a una religión le hace a uno espiritual. 

El camino al infierno está lleno de buenas intenciones” o como decía San Pablo: “no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero”. Aún con buenas voluntades muchos se han convertido en parte del problema no de la solución. A pesar de tantas “buenas intenciones” la historia revela falta de eficiencia.   La religión como el resto de la sociedad salvo mínimas excepciones, han quedado atrapadas en un mundo mental, lleno de creencias separadoras de todo tipo, de culto a pensamientos y emociones reactivas. La solución no está en el pensamiento. Vivir en la  mente y en el sueño de la razón, perdiendo en la práctica la conexión con la esencia. La mística y la contemplación meditativa con silencio interior fueron sustituidas por la exacerbación del pensamiento, la oración reglada mecánica y las creencias dogmáticas.

Una “nueva” espiritualidad está emergiendo, con el poder de la presencia, de la acción consciente, de la comprensión y dominio de la mente. Es espiritualidad sin objeto pero con la dimensión transcendente.  Transconfesional: sabiduría transmitida por seres libres interiormente y de profunda espiritualidad a lo largo de la historia. Maestros que demostraron en su vida fidelidad a la verdad, por encima de otro interés, a veces el de su propia vida. Espiritualidad auténtica a pesar de las limitaciones en su transmisión, al ser marginada por la ignorancia docta o dogmática. Desde la Iglesia se ve como amenaza o competencia. Ha etiquetado muchas veces a esa espiritualidad tachándola de meros “orientalismos, nueva era, esoterismos, etc”. Así hablando de lo que no se conoce experiencialmente. Ejemplo: el desprecio a sabidurías milenarias orientales profundamente espirituales ya en tiempos de un occidente primitivo.   “Sólo hay un bien, el conocimiento de uno mismo, sólo hay un mal, la ignorancia esencial” (Sócrates)

En algunas esferas de la sociedad y de lo religioso se cree que la espiritualidad es propiedad de la religión, y que los demás están desautorizados para difundirla. Pero la realidad y la espiritualidad no se conocen en base a títulos de filosofía o teología sino por una íntima y profunda comprensión experiencial. Lo real simplemente es. Que las apariencias no confundan. Las religiones nombran a sus santos. Son muchos los desconocidos que fuera de la religión han tenido benditas vidas sagradas ejemplares, espirituales.

Una persona puede tener una profunda práctica espiritual al actuar desde el ser, espacio luminoso, en vez desde el ego, viviéndolo en coherencia en su propia vida. También en grupos que se reúnen en silencio en comunión espiritual. No se distinguen por hábitos o apariencias sino por una verdadera presencia y conexión interior. Se trata de un encuentro profundo, disponible para quien tiene la apertura adecuada para reconocerlo y experimentarlo. En sentido amplio todos somos espirituales con el potencial de conectar con lo espiritual. Hay seres humanos que viven una vida espiritual real, que entra en la esfera de lo íntimo, de lo intangible e invisible, con diferentes manifestaciones externas dentro de la diversidad  existencial, aunque en esencia sean parte de una misma realidad. 

La espiritualidad transreligiosa existe desde tiempos inmemorables en un segundo plano. En otros tiempos eran perseguidos no sólo por el poder civil que encontraba amenazante la verdad, sino también por el religioso. La santa Inquisición de la Iglesia y tantas versiones anteriores y posteriores trataban de eliminar esa espiritualidad alternativa y libre. Sócrates fue condenado. Pero incluso sabios religiosos recientes como Tony de Mello o Willigis Jäger fueron excluidos y se les prohibió hablar por el responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Ratzinger, actual Papa emérito. Esto no ha sucedido en la edad media sino hace pocos años y sigue sucediendo. Actitud doctrinaria defensiva combinada con secretismo. No es de extrañar que tantas personas cultiven sus genuinas inquietudes espirituales a través de personas o grupos alternativos, en base a sabiduría de fuentes no dogmáticas más integradoras.

Como los Judíos en su conflicto con los palestinos, la Iglesia fue perseguida en su momento, después la Iglesia en nombre de Dios, hicieron lo propio. Cruzadas de todo tipo. La espiritualidad alternativa y tantos otros sufrieron mucho.  Tendrían muchos motivos para exigir a la Iglesia compensaciones por tantos abusos y maltratos. Pero a pesar de tanto dolor y marginación, esa espiritualidad alternativa es coherente y perdona. Ofrece como siempre ha ofrecido, comunicación real y comunión espiritual, Unidad en la diversidad en términos de igualdad de trato, que permitan cocrear un mundo más evolucionado. Es hora de perdonar, transcender lo necesario y conectar con la Luz que nos rodea y que somos.  

Esto no está exento de cambios: que las ayudas públicas, privilegios y medios de la religión se extiendan o igualen a los que no tiene la espiritualidad alternativa. Hay pasos que pueden dar en esa dirección: reconocimiento a la espiritualidad abierta y tolerante. Honrar su existencia y expresión en igualdad de derechos. Sólo un interés particular de la Iglesia -lo comercial que no lo espiritual– lo impediría. Es necesaria humildad y valor por su parte, cierta catarsis y transformación. Reconocer la igualdad entre todos los seres humanos con independencia de creencias y religión. Como lo hace la Unidad que a todo ama e incluye sin condición. Silencio, humildad y genuina comprensión facilitarían el camino. No obstante, bienaventurados sean los que nada esperan, porque nunca serán defraudados. Lo esencial nada necesita.

J. I. Fernández

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Sabiduría es saber distinguir entre lo que necesita demostración y lo que no lo necesita (Aristóteles)