LLegar a ser nadie

Artículo en DESTACADOS, Relaciones por publicado el 5 agosto, 2016 0 Comentarios

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Pasamos el tiempo creando un universo de filias y fobias, de temores y fervores, de amores y odios. Lo hacemos mediante tres herramientas principales: la evaluación, la comparación y el juicio, y fabricamos su decorado necesario con toda la gama de emociones y pasiones humanas: envidia, celos, miedo, pesar, tristeza, queja, exigencia, enfado, resentimiento, culpa, vergüenza, vitoria, etc. ¿Quién lo hace? Nuestro ego, nuestro carácter, aquel que creemos ser.

Como seres individuales solemos edificar una torre de refugio desde la que observar la vida y el transcurrir de las cosas. Desde allí miramos el mundo y lo sombreamos o iluminamos de nuestras ideas acerca de cómo deben ser las cosas, y entonces alegrarnos, o sufrir cuando no es así. Es humano. Es el vaivén de la vida. Pero este modo de funcionar es pequeño y limitado, demasiado dependiente de los caprichos de la vida. Es la fuente de sufrimiento, lo que nos enferma y nos aleja del asentamiento en la Gran Inteligencia.  En lugar de mirar la belleza intrínseca de todas las formas de la vida nos horrorizamos ante algunas o embelesamos ante otras. El tirano, también llamado ego, vive adentro. ¿No es el ego la mayor de las cárceles, la esclavitud más velada y más querida, la que menos estamos dispuestos a cuestionar? Pero resulta que, como veremos, ser libres significa serlo de nosotros mismos.

Es difícil escapar de ese lugar que diferencia entre bien y mal. Es lo que nos toca como seres humanos, mientras no despertemos. La buena noticia es podemos desarrollarnos y madurar. La conciencia nos avisa de nuestra caída y de la evitabilidad de nuestra angustia y nuestra separación de la vida natural. Cuando este sucede, cuando recibimos ese aviso, se dispara la flecha hacia nuestro despertar.

La conciencia puede atisbar que los intentos de crear un mundo propio a través de un sinfín de imágenes mentales impiden encontrar el mundo real. Sólo cuando alcanzamos nuestra verdadera fuerza somos capaz de desnudarnos, de sostener el tormento de que vayan muriendo los personajes con los que nos habíamos identificado y  recorrer el verdadero camino espiritual: llegar a ser nadie.

Es como si empleáramos la primera mitad de la vida (en un sentido metafórico, no de tiempo real) en ascender a lo alto de una montaña, en ganar y conquistar lo deseado, aquello que es importante para nosotros, y que al final de esa etapa llegáramos a clavar con poderío la bandera del conquistador triunfante y gritar a los cuatro vientos: “Yo existo” o lo logré…pero para el universo eso no es lo importante.   Entonces unos pocos, los más audaces y capaces de desnudarse para indagar en las profundas verdades, escucharían esa ocurrente respuesta y dedicarían la segunda mitad de su vida a descender de la montaña. Aquí vendrían los desprendimientos, las pérdidas, la liberación del peso de la mochila, las despedidas y los adioses. Porque al final todo aquello que tenemos los perdemos, todo aquello que creemos se desvanece. En la última y definitiva puerta nos soltamos a nosotros mismos, soltamos a nuestra propia vida. Y con suerte devolvemos agradecidos el préstamo de vida que la Vida nos concedió.

Porque la meta del yo es desvanecerse, disolverse en las aguas del dulce olvido, al igual que la del cuerpo. Algunos lo pueden vivir y reconocer mientras aún permanecen en esta forma de vida. Entonces ya no gritan al universo ¡yo!. Simplemente, guiados por una profunda sabiduría que les hace felices, se susurran a sí mismos: “La vida canta en mi durante un tiempo”.

                                                                                                                                 Texto adaptado de Joan Garriga ”Vvir en el alma”

Jelaluddin Rumi

(1207-1273)

Cada momento se precipita hacia nosotros desde todas partes la convocatoria del Amor.
¿Quieres venir con nosotros?

“Dondequiera que estés, sea cual sea tu condición y hagas lo que hagas, sé siempre un buen amante”

El movimiento de las olas, día y noche, viene del mar, tú ves las olas, pero, ¡qué extraño! no ves el mar.

Ven, Te diré en secreto, adónde lleva esta danza. Mira como las partículas del aire  y los granos de arena del desierto giran sin norte.                                                                  Cada átomo Feliz o miserable, gira en torno del sol.

Los pájaros dibujan grandes círculos en el cielo con su libertad. ¿Cómo lo aprendieron?

                   Ellos caen, y mientras caen les dan alas.

Deja tus preocupaciones y ten un corazón completamente limpio,
como la superficie de un espejo que no contiene imágenes.
Si quieres un espejo claro, contémplate y mira la verdad sin vergüenza,
reflejada por el espejo.

Si es posible el metal pulir, hasta que parezca un espejo,
¿Cuánto es posible pulir, del corazón el espejo?
Difieren solo en un punto el corazón y el espejo,
el corazón secretos oculta, ninguno guarda el espejo.

La muerte pone fin a la angustia de la vida. Y, sin embargo, la vida tiembla ante la muerte…
Así tiembla un corazón ante el amor, como si sintiera la amenaza de su fin.
Porque allí donde despierta el amor, muere el  yo, el oscuro déspota.

A través de la eternidad la Belleza descubre Su forma exquisita
En la soledad de la nada; coloca un espejo ante Su Rostro y contempla Su propia belleza.
Él es el conocedor y lo conocido, el observador y lo observado;
ningún ojo excepto el Suyo ha observado este Universo.

Cada cualidad Suya encuentra una expresión:
la Eternidad se vuelve el verde campo de Tiempo y Espacio;
Amor, el jardín que da la vida, el jardín de este mundo.
Toda rama, hoja y fruto revela un aspecto de su perfección:
los cipreses insinúan Su majestad, las rosas dan nuevas de Su belleza.

 

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Sabiduría es saber distinguir entre lo que necesita demostración y lo que no lo necesita (Aristóteles)