Relación consciente y cómo sanar relaciones

Artículo en DESTACADOS, Relaciones, ULTIMOS ARTICULOS por publicado el 4 junio, 2015 0 Comentarios

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Cada nueva relación que se empieza es el reflejo de cada uno de nosotros. El «amado» es un espejo en el que vemos nuestros propios deseos hasta que ese mismo espejo nos enseña una y otra vez lo que somos. Cuando esta imagen no nos gusta muchos cambian de pareja, pero antes o después vuelven los temores y la historia se repite, sino hay un cambio interior.

La buena noticia es que una relación enferma puede sanar, hay que ser valientes y aceptar la realidad. Primero el diagnóstico y después explicamos cómo sanar una relación.

Decimos que las relaciones son difíciles, sin caer en la cuenta de que son, ni más ni menos, lo que hemos hecho de ellas y que en realidad, nosotros somos difíciles. Nuestras mentes y nuestros egos son realmente «difíciles» e intratables. Lo que sí es cierto es que todo cuanto echamos de menos en una relación es precisamente aquello que no le hemos dado antes. La mayoría de relaciones se establecen entre ego y ego.

Esa clase de relaciones sólo contemplan el cuerpo del otro y como mucho su «personalidad» pero no al ser humano que hay detrás. Apenas perciben un carácter o personalidad, alguna cualidad, y si se fijan en una larga lista de defectos. Con esta perspectiva, buscan personas que cumplan sus exigencias. Exigen que sus relaciones les hagan felices y esa es precisamente la raíz del problema.

Renuncian a ser felices por sí mismas; prefieren poner en manos de la otra persona todas sus expectativas de futura felicidad. Con la siguiente salvedad: si las cumplen, van a quererle; pero si no las cumplen, le odiarán por no hacerlo. Cuando eso ocurre, empieza la búsqueda de otra persona. No es de extrañar que las relaciones sean una experiencia de sufrimiento en la que el resultado de la decepción se repite una y otra vez. ¡Cuántos problemas se evitarían si fuéramos capaces de acercarnos a nuestra pareja apreciando el regalo de su paso por nuestra vida! ¡Reconociendo el ser espiritual que hay en él y no meramente un cómplice de nuestros sueños de amor que son cualquier locura menos amor incondicional!

El enamoramiento o el amor idealizado poco tiene que ver con el amor incondicional. Su confusión es causa de un gran sufrimiento. El enamoramiento químico más bien tiene relación con la necesidad que es una falta de amor. Este amor se basa en que el amor se halla en el otro y en lo que puede darle. Al no encontrarlo en sí mismo, trata de conseguirlo afuera como si de una conquista se tratara. El amor se convierte en una posesión y la relación, en un acuerdo de mutua conveniencia. Parece que para que uno lo consiga el otro debe perderlo. Es el juego: ganar-perder.

Solamente siendo conscientes de qué hemos hecho de nuestras relaciones, podremos reparar las relaciones del pasado y construir relaciones sanas en lo sucesivo. No era el amor lo que falló, eran nuestros planes irreales sobre lo que queríamos que fuese. Por lo general, proyectamos en los demás todo nuestro dolor no resuelto con la esperanza de que así nos libraremos de él. A este fenómeno se le llama «proyección» y consiste en sacar «allá afuera» lo que «aquí adentro» se empieza a volver intolerable. A partir de este momento, cada uno representa su propia versión de una misma vieja historia: la falta de amor y la necesidad de amor. Toda relación es un encuentro con uno mismo reflejado en el espejo del otro. Cada vez que alguien descubre que ya no le gusta lo que ve, cambia el espejo –es decir, se busca otro- sin comprender que una y otra vez verá lo mismo en todas sus parejas hasta que no cambie lo que pone delante del espejo. Aún no sabe que toda relación es la enésima oportunidad para transformarse y volver a la consciencia. ¿Por qué razón la inconsciencia en las relaciones es causa de tanto sufrimiento? Lo extraño sería que una fantasía pudiera ofrecer algo distinto. Sin embargo, el ego sabe mentir con bastante credibilidad, y vuelve a hacerlo en cada situación para que el culpable siempre sea el otro implicado.

Para el ego las relaciones son difíciles y el ser «amado» también, cuando en realidad lo único difícil es su particular visión de las relaciones. ¿Se puede llamar a esto amor? Una relación inconsciente se centra en el miedo que dificulta las relaciones y el amor. Se centra también en las diferencias que el ego establece y en el propósito de lograr del otro lo que cree que le falta a él. Si lo consigue, le amará; sino le odiará. Y ya vemos en nuestros días qué fácil es pasar de uno a otro extremo. Las personas se miran con afán por conseguir su botín en el otro y una vez que lo ha obtenido, o que no lo ha hallado, se desinteresa y le abandona. Este comportamiento se repite una y otra vez sin fin en un bucle desesperanzador,  el mundo parece habitado por extraños que hacen de las relaciones algo hostil y un vínculo desprovisto de corazón y calidez. Conviven poniendo su atención en tratos que afectan a lo superficial. Su actitud atrae circunstancias que concuerdan con sus expectativas y las confirman; así reciben mensajes que repiten que son seres separados y que siempre lo estarán. Cuando el ego escucha este tipo de razonamientos suele alterarse y argumentar que él no es responsable del comportamiento de los demás. Y en efecto, no lo es aunque se esfuerza en serlo. Sin embargo, sí lo es de haber atraído esa persona a su vida.  Las cosas no ocurren por casualidad en un universo de responsabilidad y si hay alguien en tu vida, alguna razón debe haber. Alguien le habrá invitado.¿Qué puedes recibir que no hayas ofrecido antes?

Conviene revisar el concepto «amor»

Detente y piensa por un momento en qué has convertido tu relación o de qué la has privado. Una relación sólo puede carecer de aquello que tú mismo no le concediste. Si una relación con el paso del tiempo parece significar nada, tú mismo te atribuyes esa falta de significado. Muchas veces, se le echa la culpa al tiempo del desamor, pero el no hizo nada, más bien: ¿Qué hicisteis vosotros de la relación con el paso del tiempo? Buscar culpables es sencillo pero asumir responsabilidades es complicado. En las relaciones te enfrentas siempre a una sola elección y esta consiste en elegir entre el temor y el amor. Para romper el círculo vicioso del temor en las relaciones, y entrar en el círculo virtuoso del amor, tenemos una pauta de comportamiento: «Deja de poner atención en tus fantasías de amor. Deja de creer en las increíbles historias que te cuentas». No necesitas decidir dónde has de poner tu atención porque ese segundo paso es innecesario: cuando te libres de tus fantasías irracionales sólo podrás ver el amor en tus relaciones. En toda relación inconsciente parece que cada integrante posee el extraño derecho de señalar las faltas del otro y tener que corregirle por el bien de la relación.

Buscar el amor, buscar relaciones adecuadas cuando uno mismo no es adecuado sólo crea complicaciones en las relaciones. Dejar de buscar por un tiempo, hacer una dieta de relaciones, te permite entre otras cosas: reunir recursos, recuperar energía, ordenar el espacio emocional propio y dar una tregua para poder relacionarse desde otra posición mucho más sólida.  ¿Qué mejor manera para aprender a estar en compañía que aprendiendo antes a estar solo? Tal vez lo veas así y sin embargo muy pocas personas están dispuestas a disciplinarse para obtener una mejora. Todo el mundo quiere tener una buena relación, pero casi nadie está dispuesto a mudar su piel para que eso sea posible. Y lo que sucede es que en cada relación inconsciente todos los recuerdos pasados de relaciones anteriores, y toda la carga de su dolor, se vuelven en contra de la relación actual. Es el mismo miedo una y otra vez en relaciones diferentes. Los amantes no son dos, sino la suma de todos sus fantasmas del pasado, la suma de todos sus miedos, todos sus fracasos puestos en fila como un desfile de fantasmas del desamor. Y si el ego empezó mirando un cuerpo pero no un alma, ahora ya ni siquiera se fija en el cuerpo y sólo ve su doloroso pasado. Como el ego es incapaz de ver al otro, lo inventa. Lo modela a su semejanza y capricho. Lo idealiza con la esperanza de no encontrarse de frente con la realidad. Incluso llega a desear la ausencia del ser amado para suplantarlo con su absurda fantasía. Una vez más, el círculo del dolor se hace profundo y es grande la transformación interior necesaria para salir de él.

RELACIONES CONSCIENTES Y COMO SANAR RELACIONES INCONSCIENTES

Las relaciones conscientes se establecen entre dos seres completos en sí mismos, y que no se sienten necesitados. No significa que no quieran compañía: amar y ser amados. No lo necesitan para «soportar» la vida, porque la vida es generosa. Los corazones conscientes atraen corazones conscientes. Lo completo atrae lo completo, y lo incompleto a lo incompleto. Cuando dos seres se reúnen, y se reconocen no necesitados en sí mismos, ninguno pretende apropiarse de nada de lo que cree carecer. Establecen relaciones de amor y no de temor., ¿cómo encontrar un ser completo en sí mismo y no necesitado? Obviamente siéndolo.

De poco sirve buscar a la persona adecuada con tal o cual cualidad. En su lugar, sé tú misma la persona adecuada, posee tú esas cualidades. Y aparecerá alguien con esas cualidades y que se reconozca en las tuyas. Nadie que esté en su sano juicio desearía trasladar su dolor a una relación de amor. Volcar el propio dolor en el otro es un acto egoísta y la antítesis del amor incondicional. El regalo de la relación consciente es curar el dolor del pasado. Nunca habrías curado tus viejas heridas si no estuvieras dispuesto a entregarlas por la única razón capaz de conseguir ese milagro: por amor.

Es clave vigilar que las relaciones no se basen en la agresión-pasividad durante la comunicación: Cuando en vez de hablar abiertamente se lo hace con indirectas o prejuicios, cuando las palabras o la actitud tiende a ser hostil en la comunicación al otro o cuando no hay atención al tratar entablar un diálogo.

Tal vez con esta explicación podamos estar más alertas y determinar en qué momento una relación se ha vuelto tóxica.

Únicamente por amor puedes desprenderte de todas las armas que usaste contra ti en el pasado y que a la vez usaste en tus relaciones. Todo aquello que entregas a la visión del amor deja de ser una fuente de dolor para siempre. Cuando contemplas a tu pareja como a un ser completamente inocente de los miedos que proyectaste en ella, la pareja se halla por fin bendecida. La relación está inspirada por el amor, porque éste se ha unido a ambos previamente por separado.

La relación sanada es aquella que antes estuvo enferma pero que gracias a la auto corrección se convierte en una bendición. No es el resultado de la suerte ni de haber encontrado a la persona perfecta. La persona adecuada llega cuando uno es adecuado a su vez.  No hay nada que buscar en el exterior, sino que corregir en el interior. Muchas personas se preguntan «qué tienen que hacer» para obtener una relación satisfactoria. Ser amado es la segunda mejor cosa del mundo; amar a alguien es la primera. Y siempre sucede en este orden.

Cuando entregas tu relación a una comprensión más profunda, se produce un acontecimiento milagroso.

Una pareja que se deshace para rehacerse fortalece a ambas personas; aunque es posible que perciban ese momento como la destrucción de lo conocido. Sanar una relación inconsciente es un auténtico acto de valentía. ¿Cómo si no ambos iban a asumir la parte de responsabilidad que tienen en el colapso de la vieja relación? Sanar significa depositar la fe en el nuevo propósito de vivir una relación consciente. Significa fe en el otro. Y significa valentía al poner en una situación de precario la vieja relación con el único fin de hacerla verdadera

Ve la oportunidad de la sanación no como una amenaza que pretende destruir la relación. No caigas en la tentación de culpar al otro de la situación caótica. Ambos habéis sido interrogados acerca de vuestra voluntad de sanar la relación, y vuestra respuesta afirmativa será suficiente para atraer lo medios que salvarán la relación. Uno de los dos, se preguntará:

Pero ¿cómo puedo amarle si no hay amor? La respuesta es a través del comportamiento, amándole. El comportamiento, amar, atrae el sentimiento, el amor. El amor es el resultado de amar. Esperar que el amor se presente sin amar antes es una auténtica fantasía loca. Esperar a estar enamorado o a un fuerte amor romántico es caer en la “necesidad” en el ego, en la fantasía. Se puede vivir y sentir amor en forma más profunda y estable si antes se da el espacio y no se “necesita” intensidad “amorosa” egoica.

Entrega tus relaciones al amor. Y ya no podrás decir: «nuestra relación» sino la relación que fluye «a través de nosotros». Recuerda que ahora la relación tiene como objetivo «amar» y no «querer». Ya no existe necesidad de control, manipulación, ni expectativas egoístas. Hay un plan mucho mejor al que inicialmente estableció el ego, el del amor incondicional.

Raimon Samso

 

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Sabiduría es saber distinguir entre lo que necesita demostración y lo que no lo necesita (Aristóteles)