Rompiendo el ciclo del abandono

Artículo en Relaciones por publicado el 24 junio, 2017 0 Comentarios

Puedes sentirte abandonado, sí.

Te puedes sentir solo, alejado del amor, de la vida y la calidez.

Otros pueden detonar sentimientos poderosos en ti, sí.

Pero haz a un lado la palabra, el concepto, la historia,

y regresa a la realidad del cuerpo vivo.

¿Cómo se siente ese abandono?

¿Cómo sabes que te han abandonado?

Pon atención a las sensaciones que surgen ahora en tu vientre, pecho, garganta.

Siente el aleteo, el pulso, la punzada de cada sensación.

Deja que crezcan en intensidad, o que se tranquilicen y se muevan.

Imprégnalas de curiosa, amorosa atención.

Ofréceles un espacio; ábrete suavemente a ellas.

 

Tienes que respirar en ti mismo ahora, amigo,

porque no hay nadie aquí que pueda respirar por ti,

y no podrían hacerlo, de todos modos.

El sueño del amor ha muerto;

estás despertando a la realidad del amor.

El amor no viene de fuera. Nunca lo hace.

Siempre estuvo dentro de ti. Ese fue tu poder.

 

Ese fue siempre tu trabajo, amarte a ti mismo,

no mendigar amor, o buscarlo externamente,

o esperarlo, o tratar de aferrarte a él,

sino empaparte con él, momento a momento precioso.

 

No te abandones a ti mismo cuando te sientas abandonado,

porque hay un dolor que es peor que el abandono mismo:

abandonarte a ti mismo, huir de la presencia.

 

La culpa no funciona aquí.  Enfócate en ‘quien te ha abandonado’, y te vuelves impotente.

Rompe el ciclo del abandono, entonces.

Enfócate en ‘el abandonado’, este precioso niño que llevas dentro.

Invita a que tu amorosa atención vaya a lo profundo de tu vientre, corazón, cabeza.

Respira en el propio suelo. Siente tu propia vitalidad.

 

Tú no has sido abandonado.

La vida está aquí. Tú estás aquí.

Y desde aquí, una nueva vida crece.

Y mientras aprendes a no abandonarte a ti mismo,

con el tiempo, atraerás a otros

que tampoco se abandonan a sí mismos;

otros que no te abandonarán.

 

Porque ahora tú no puedes ser abandonado:

Te niegas a abandonarte a ti mismo.

El abandono es una vieja palabra para ti ahora.

Demasiado dramática para tu cuerpo.

 

Nadie puede abandonarte:

ellos sólo pueden irse a otro lugar, con su dolor.

 

El abandono es la historia de un amor perdido,

una vieja historia, porque el amor no puede perderse,

sólo puede ser descubierto de nuevo en lo profundo de nosotros.

 

Eres lo suficientemente valiente para estar presente ahora.

Has roto la adicción de toda una vida:

Has descubierto la profunda alegría de estar solo.

 

Todos estamos solos.
Esto no es deprimente

cuando te das cuenta que esa es la verdad.

Nacemos solos, morimos solos.
A través del camino, quizás nos encontramos.
Amigos, amantes, extraños.
Esposos, esposas, hijos, hijas.

Los roles nos pueden tanto separar como acercar.
Anhelamos la conexión, sin embargo, le tememos a la intimidad.
Buscamos contacto, pero queremos sentirnos a salvo.
Alejamos a los demás cuando tratamos de aferrarnos a ellos.
Ocultamos nuestra verdad por miedo a la pérdida.
Sin embargo, nos perdemos los unos a los otros al escondernos.

Buscamos un suelo firme, sin embargo, sabemos que nada permanece fijo.
Planeamos futuros, sin embargo, sabemos que son meras fantasías.
Deseamos ser libres, sin embargo, huimos ante el terror que le tenemos a nuestra libertad, buscando alivio y respuestas.

Nuestro alivio, pronto se torna en aburrimiento.
Nuestro aburrimiento, en resentimiento.

Sufrimos hasta que aprendemos a amarnos a nosotros mismos tal y como somos.
Buscamos amor hasta que lo conocemos en el silencio.

Y sacrificamos los mañanas por los ahoras.

~ Jeff Foster

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Sabiduría es saber distinguir entre lo que necesita demostración y lo que no lo necesita (Aristóteles)