Parece que no avanzo – Piedras en el camino

Artículo en Confianza, DESTACADOS, Sin categoría, ULTIMOS ARTICULOS por publicado el 8 octubre, 2016 0 Comentarios

Vas a enfrentarte a momentos difíciles, en los que pensarás que todo parece imposible, momentos en los que te enfrentarás a auténticos muros y te sentirás agotado, en los que los resultados que esperabas no llegarán. Es entonces cuando esa pequeña voz sigilosamente te susurrará al oído que lo dejes, que ya lo has intentado, que eso es muy difícil,  que no merece la pena seguir intentándolo. Esa voz está esperando agazapada para convencerte de que no merece la pena el esfuerzo, te persuadirá para que abandones. Esa voz son las traicioneras dudas que quieren robarte los sueños.

Son en esos momentos en los que se decide el curso de tu historia personal. El éxito está cargado de caídas y “fracasos” que son la antesala del éxito. Esas ocasiones en las que estás a punto de desfallecer y todo está perdido, esas circunstancias en que las dudas y la debilidad te atacan sin piedad, marcan una vida. Son los momentos en los que tienes que alzar tu mirada, levantar tu cabeza y contestar a esas dudas con la determinación y la convicción de que tu eres más grande que los problemas, las circunstancias adversas y todos los miedos, que los vencerás aunque aún no sepas cuando ni cómo, porque tu determinación y tu comprensión encontrarán el camino. El valor es la determinación de enfrentarse a todos los retos a pesar del miedo.

 

A veces parece que no avanzo…

La naturaleza cíclica del proceso: expansión y contracción

Las dificultades que aparecen en el camino se presentan de una forma muy especial, en el sentido de que no hay un desarrollo lineal, sino una alternancia de momentos en los que todo va bien, y otros en los que todo parece ir mal.

En efecto, el proceso de transformación acorde con las leyes de la naturaleza, se hace según el principio del flujo y reflujo, de expansión y contracción. Un periodo de expansión en el que todo parece ir de la mejor manera posible, será seguido invariablemente por una contracción, en el que tiende a parecer que todo ha perdido sentido a quien no tiene una comprensión elevada de la realidad. Es importante no resistir a esos periodos, pues forman parte del propio proceso y son imprescindibles para que la personalidad integre la energía del alma.

Una de las razones de ese aspecto cíclico es que cuando la persona ha tomado la decisión de comenzar su proceso de transformación, el alma comienza a enviar energía a la personalidad, pero lo hace por oleadas, cíclicamente. Cuando uno recibe la luz del alma en un primer momento, siente una gran apertura y vive una experiencia de la vida: es la expansión. Pero después de cierto tiempo, el ego se reactiva y se resiste: es la contracción. Durante ese periodo de cierta involución, el ego pone en juego todos sus mecanismos al máximo, de ahí el sufrimiento, la incertidumbre, las dudas, los miedos, la confusión.

Pero, al mismo tiempo la contracción, es también el momento en que la personalidad integra la dosis de energía que acaba de recibir del alma. Así que es un momento importante, y en absoluto inútil, aunque sea penoso. Cuando la persona haya integrado esa energía el alma podrá enviarle otra oleada, será el momento de una nueva expansión, pero más amplia que la precedente. Y de nuevo el ego volverá al ataque. Eso explica que surjan los “demonios interiores” cuando uno está buscando la paz del alma; y explica por qué, después de un periodo de luz y de certezas, se encuentra uno de nuevo en cierto nivel de sombra y en la duda, hasta que la integración sea elevada. El alma le deja tiempo al ego para que reaccione en cada ciclo según sus mecanismos, y para que se encuentre en condiciones de aceptar un poco más de su luz. Cuando éstas se dan, envía una nueva oleada de energía.

Así pues, los periodos difíciles de contracción son esenciales, es cuando se acepta y se asimila lo que se ha recibido durante la expansión. Hay muchas personas que se detienen al llegar a este momento del camino, se desaniman pensando que han fracasado, creen que sus esfuerzos han sido inútiles, y que la transformación es inaccesible o utópica. Por eso es importante comprender lo que ocurre, para poder reconocer esos periodos y vivirlos con paz y tranquilidad, sin tratar de forzar las cosas, sabiendo que llegará una expansión mayor en el momento adecuado.

Eso requiere que cada vez tenga uno más dominio de si mismo, y exige un esfuerzo constante. Nada más lejos de las promesas fáciles de ciertas teorías simplistas que hacen creer que cuanto más trabaja uno sobre si mismo más agradable y fácil le resulta la vida. En el camino de la transformación no se encontrará ciertamente la comodidad estable, lo que si se encontrará, en cambio, son flores cada vez más hermosas…

Annie Marquier

 

Cuarenta piedras en el camino

El proceso de crecimiento por el que todos pasamos camino a estadios personales más elevados de consciencia pasa por muchos altibajos: volvemos atrás cuando creíamos haber avanzado un montón, nos enredados en problemas o situaciones que creíamos superadas, nos encontramos con montañas que pensábamos que ya habíamos escalado, y volvemos a caer en los mismos pozos de los que tanto trabajo nos había costado salir. Es normal. Es así como funciona. El camino de crecimiento no nos lleva en línea recta y sin retrocesos, más bien al contrario, cada cosa que aprendemos, integramos y nos hace expandirnos, consiste en un montón de pasos adelante y unos cuantos hacia atrás, hasta llegar a cristalizar y afianzar ese algo nuevo, sea un nivel evolutivo, sea un conocimiento convertido en sabiduría, sea una habilidad desarrollada y afianzada.

Funciona como las olas que llegan a la orilla donde van erosionando una piedra que lleva ahí quieta durante mucho tiempo, cada ola que llega la moja un poco, la recubre, la envuelve, le quita un poco de la arena que tiene alrededor, pero solo una de ellas, la ola final, es la que por fin arranca la piedra de la playa arrastrándola de vuelta al mar. Si la roca es un problema, un obstáculo o una meta que nos hemos propuesto, hay miles de asaltos hasta que finalmente se conquista el castillo, y con cada asalto que nos acerca un poco más nos alegramos y pensamos que ya estamos casi a punto de conseguirlo, y con el siguiente paso que damos resulta que nos quedamos a medio camino o incluso parece que hemos retrocedido en el intento.

Pero teniendo esto en mente, uno aprende a tomarse los objetivos con humor y sobretodo con constancia. No hay nada que no se pueda conseguir con constancia, y sabiendo que muchos pasos que demos adelante luego tendrán por ahí en medio uno o más pasos hacia atrás. Lo que sucede es que los pasos adelante nos parecen normales e incluso “lo que toca”, lo lógico siempre es avanzar, y nos duele o nos desanima cuando vemos que, en algún momento, parece que nuestra ola no llega nunca a alcanzar la piedra.

La necesidad innata de crecer

El ser humano es un ser que por naturaleza propia siempre tiende al crecimiento, pues las fuerzas interiores de la Creación que moran en cada uno de nosotros, desde las partículas que forman nuestros átomos hasta la consciencia del ser que somos no concibe la existencia si no es como un proceso de crecimiento y aprendizaje en cualquiera de los sentidos y formas en los que el concepto de aprendizaje pueda llevarse a cabo. Como todo sirve para algo, incluso los pasos hacia atrás en pos de objetivos de crecimiento y transformación interior están destinados a que se aprenda o se consolide algo. Cada paso siempre es como una piqueta puesta en la roca de una montaña para que mucha gente pueda escalarla, aunque el primero que pone la piqueta nunca sube en línea recta y sin tener que volver atrás cientos de veces para revisar, ajustar, encontrar la mejor forma de poner los seguros, etc.

Los que abrís caminos para otros estáis destinados a avanzar y retroceder múltiples veces, estáis destinados a dar mil vueltas a las cosas antes de comprenderlas, estáis destinados a sucumbir ante mil engaños y desinformaciones antes de encontrar la fórmula que os permite desenterrar la verdad y la información correcta. Como todo, además es un gran juego, dentro de la burbuja holocuántica que representa vuestra propia realidad individual, así que escalar la montaña para abrir camino a los demás se convierte en una prueba de auto superación donde puedes disfrutar mientras vas buscando la forma de sostener las cuerdas que quizás alguna otra persona, en algún otro momento, quiera usar para apoyarse en su propio camino de escalada personal. Que use tus cuerdas no significa que siga tus pasos, simplemente se cruzan ambos caminos y en esos puntos puede usar uno de los puntos de apoyo que otros que van por delante nuestro, en sentido figurado y en cualquier dirección, han puesto para ellos mismos y han dejado ahí para el bien común de quien quiera usarlos.

Así, nadie está destinado a seguir el camino evolutivo de nadie más, de hecho, es imposible, ya que no hay dos hojas de ruta iguales en el universo que el ser que somos haya podido copiar o calcar del ser de al lado. Cada mónada, cada esencia, cada Yo Superior, cada SER tiene sus propias ecuaciones de elección a la hora de preparar el sendero que desea recorrer, y hay a quien le gusta ir a un ritmo y hay a quien le gusta ir a otro. Hay quien escoge picos escarpados para ver desde la cima de la montaña todo el valle y luego con vista de pájaro va animando a otros escaladores con la información recogida desde sus alturas, y hay quien escoge senderos amables y tranquilos y va explicando cada detalle del mismo con minucioso detalle para los que no se paran nunca a ver los paisajes.

Los que estáis destinados a trabajar para asistir a los demás, os caeréis más de una vez de la roca, os tropezareis más de una vez con las piedras, os perderéis en múltiples laberintos una y otra vez, u os dará más de una rama en la cabeza al ir mirando por todos lados las pistas de la supuesta senda correcta, pero no importa, pues no deja de ser espectacular comprender cómo se puede uno caer y gracias a ello encontrar nuevas técnicas para levantarse, no deja de ser espectacular aprender como se puede uno chocar contra una rama y enseñar a otros a no hacerlo, y no deja de ser espectacular darse cuenta de lo estupendo que es ir abriendo camino y enfrentándose a lo desconocido, para luego marcar con una X el punto en el camino y decir, yo pase por aquí, cuarenta veces, antes de poder seguir adelante.                                                                                       (David Topí)

 

 

 

 

 

 

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Sabiduría es saber distinguir entre lo que necesita demostración y lo que no lo necesita (Aristóteles)