Del irse y del abandonar (se)

Artículo en ARTICULOS JIF, Relaciones por publicado el 17 diciembre, 2014 0 Comentarios

El subconsciente y nuestra vida presente están profundamente condicionados por los asuntos inconclusos del pasado.

Como nos vamos nos afecta y afecta a los demás, también cómo entramos en las cosas importantes de la vida.

Hay muchas formas de irse, algunas nos dignifican y honran. Son realizadas desde un buen lugar, el amor, que también sabe retirarse.

El retirarse puede ser fruto de una realidad : aquello se ha completado y toca pasar página. Puedo hacerlo con amor y agradecimiento a lo que me aportó. Ha de verse y sentirse con claridad, con certeza. Que pueda irme en paz, habiendo experimentado y aprendido lo que correspondía.Hay mucha diferencia entre escapar por la puerta de atrás o irme con integridad cuándo y como corresponde. Es la gran diferencia entre una salida consciente y una huida prematura fruto de miedos y resistencias. A veces se da la ilusión de que si abandono aquello, el “problema”, el sufrimiento, se quedan allí. Un espejismo habitual.

Cuando nos vamos en forma y/o momento inadecuado, congelamos el pasado, enviándolo al desván del inconsciente. Se queda así mucho tiempo, afectando y limitando nuestra vida, y tiene consecuencias en el presente, un precio elevado, y una fuerte inercia a repetirse en el futuro, hasta que se de un aprendizaje real.

Hay casos de maltrato claro, donde es necesario salir de allí sin dudarlo. En otros casos una buena referencia para saber cuándo decir adiós, es que pueda irme sin rechazo o aversión -sin resentimiento- con una aceptación que transcienda la tentación victimista, con independencia de lo que suceda. Si no es así, dejará residuos emocionales en nosotros, que inevitablemente clamarán atención. Una y otra vez nos devolverá lo abandonado o similar para que sea adecuadamente honrado.

Y es ahí, donde tenemos oportunidad de abrir el corazón y de encontrarnos en forma consciente. Entonces quizás, la nueva mirada nos haga ver aquello con nuevos ojos y será diferente siendo en apariencia lo mismo

“Muchas veces lo que aparenta ser el final es simplemente un nuevo comienzo”

En numerosas experiencias reales a lo largo de los años, observo las distintas formas de irse de las personas en los grupos con los que trabajo. Es claro cuando la persona se va habiendo realizado un trabajo profundo y cerrado un ciclo o proceso. Se nota su paz, su presencia, la coherencia, el agradecimiento sincero. Se despide amable, tranquilo y con sentido amor. Se va por la puerta principal a plena luz del día. Muy diferente a cuando la persona está escapando del trabajo personal, cuando las resistencias, juicios o aversiones han podido con todo lo demás. Aparecen las incoherencias en la expresión, y las energías de salida son muy diferentes. Se va con algo pendiente, sin haber integrado.

SOBRE EL ABANDONAR (se)

El miedo al abandono tiene raíces profundas, en la infancia y más allá. No es igual en todas las personas. Por ejemplo, en las mismas circunstancias algunos niños lo interiorizan como una herida o trauma de abandono y otros no. Lo propio del niño también cuenta.

La sensación de abandono tiene que ver con miedo, vulnerabilidad, exclusión, distancia, soledad, dependencia…pero también con descuidarse, con desatención, con ignorar lo esencial, con desamor…siempre nos ayuda ver más allá de las apariencias y creencias populares.

Quienes sufren el temor al abandono tienden a desconfiar y a exigir garantías en las relaciones íntimas, y en muchos casos se adelantan al abandono: siendo ellos quienes abandonan primero. Para ello se llenan de excusas o razones focalizándose en lo “negativo” del otro sin ver realmente lo que hacen, distorsionando la realidad o proyectando “defectos”, como hace el perfil IV del eneagrama en su lado sombrío.

Exigencias, proyecciones e idealismos que es imposible que el otro o nadie pueda cumplir. Además existe una gran descompensación entre lo que se pide y lo que se da. Emocionalidad que atrapa en personas que se sienten víctimas del abandono de alguien o de la vida, y no asumen su realidad y su responsabilidad.

Lo esencial no es quedarse o irse, cualquiera de esas opciones puede ser adecuada dependiendo del contexto. Lo esencial es la coherencia interior. Hay quienes se quedan abandonando y hay quienes se van amando y respetando, y sirviendo al mútuo crecimiento.

 

El abandono puede tener lugar físicamente o no. Hay muchos (auto) abandonos en los que las personas no se van, se quedan pero ya no están. Hay quienes castigan con el abandono al otro, unas veces en la forma, separación física y otras veces en el fondo “me quedo pero seré inaccesible para ti”. Hay quienes se creerán “mejores” porque siguen junto a alguien -ellos no se han “separado” como otros-…pero lo hacen por interés o miedo ya que si se han abandonado aunque duerman juntos. Se han abandonado en el fondo a si mismos.

También los hay que abandonan radicalmente cerrando toda oportunidad de contacto, creyendo erróneamente que eso basta. Pero no es así. Aquello sigue donde estaba: dentro de nosotros. Las personas dejan, se van,  pero quedan enganchados en su interior con el pasado no integrado y con la aversión a lo abandonado. Resentimientos y rencores que atan interiormente, son como cables de acero que harán que la vida necesite que revivamos lo necesario hasta que nos demos cuenta. Puede llevar verlo mucho tiempo si no se colabora. Hay personas en una continua carrera hacia el futuro, en busca de lo “nuevo” que van enterrando todo en cuanto aquello les supone un reto, y el otro les revela la parte de si mismos que les conflictua. Se deshacen de aquello sin afrontar la profundidad o la intimidad necesaria en las relaciones y en la vida, evitándose a si mismos.

Me abandonaron….¿es verdad…o más bien que me abandoné a mi mismo…?

Se abandona quien evita ver la realidad como es y la distorsiona. Quien tapa sus sombras con las de los demás. Quien se niega a responsabilizarse de su vida. Se abandona quien cree ser lo que no es, quien desconfía, no respeta ni reconoce. Se abandona quien sobrevive en la superficie en vez de vivir su potencial. Se abandona quien se engaña con sucedáneos para evitar el trabajo real que ha de ser integral, completo. Quien no hace lo necesario para conocerse a si mismo. Se abandona quien ignora su naturaleza esencial, y la llamada de un planeta, de las crisis vitales, de los tiempos que claman por nuestro despertar.

La sobreprotección es una forma de abandono. El sobreprotegido es un desvalido que necesita al protector y si este no está se sentirá abandonado aquel que tanto protegimos.

Y todo este teatro inconsciente se activa en especial en quienes creen que la separación es la última realidad, que la vida es un juego de buenos y malos, una suerte de jungla en la que el “yo” tiene que controlarlo todo. Se vive dramáticamente cuando creo que soy una isla separada de los demás, cuando vivimos en el reino del ego, “lo mío frente a lo tuyo”. Sucede cuando niego o ignoro la realidad transpersonal de la que formamos partes inseparablemente.

Así que cuando abandono con rechazo o aversión, me abandono a mi mismo y me quedo enganchado.

Tenemos miedo a que nos hagan daño y no nos damos cuenta que es nuestra interpretación distorsionando la realidad la que nos hace daño. Miedo a la intimidad, al amor, a amar, y cuando aparecen tenemos la tentación de escapar. Pero la intimidad hará aflorar los temas pendientes y bloqueos emocionales propios…para su transformación y así poder acceder a un amor más pleno. Cuando nos engañamos y reaccionamos no viendo lo propio y centrándonos en lo del otro, lo utilizamos como justificación del abandono…y nos abandonamos.

La salida al drama del sufrimiento crónico es retomar un camino de transformación, que comienza con una toma de conciencia profunda, con un darse cuenta humilde, con una disposición a ver la realidad como realmente es. Y muchas veces necesitamos ayuda si no sabemos o podemos solos. Personalmente el trabajo terapéutico individual y en especial en grupo con el encuadre adecuado fue un antes y un después en mi vida, junto a los talleres y retiros a los que he asistido. Los encuentros y aprendizajes con fuentes de sabiduría transformaron mi vida e hicieron que ahora pueda yo devolver a la vida aquel inmenso regalo. Por ello suele ayudar mucho la referencia de quienes han transitado ese camino, que conocen el mapa, y ofrecen su atención y servicio para acompañar en tan delicado itinerario.

Este es el viaje más importante, en este caso si vale la pena…y la gloria que nos brinda. Requiere confiar y reconocerlo.

Hay un valor que nos dignifica, que te sirve a ti y a este mundo. No podemos mirar ya hacia otro lado sin consecuencias dolorosas. Son tiempos que reclaman nuestra atención a lo pendiente, a lo importante, a la razón o sentido de nuestra existencia. Ha llegado el momento. Si no es ahora ¿cuándo?.

José Ignacio Fernández

jif@valordeser.com

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Del Compromiso  (Las relaciones no son fáciles pero merecen la pena)

Algunos creen que algún día alguien llegará a sus vidas y, de repente, todas las piezas del puzzle de su relación encajarán como por arte de magia; que volarán pajarillos de colores a su alrededor, que un coro majestuoso les acompañará durante cada cita…

Pero se necesita respeto mutuo, compromiso, sacrificio, comprensión y la voluntad de trabajar por la relación. Hay que estar listo para sacar la mejor versión, pero también para amarla y aceptarla tal y como es hoy, y no como podría ser en un futuro.

Cuando amas a alguien y lo amas de verdad, no es una cuestión de conveniencia. Te comprometes a sabiendas de que ni tú, ni la relación son perfectos. No te comprometes con alguien porque todo sea perfecto, te comprometes a pesar de que no lo sea.

El compromiso no es una palabra perdida en el diccionario.  Es una promesa, un voto, una forma de vivir que representa honor e integridad. El compromiso no es una norma ni una regulación, es un acto.

Pero no es el acto de perder tu libertad.

Lamento que nunca vayas a encontrar a la persona perfecta. Pero sí encontrarás a la persona adecuada, en el momento que entiendas que lo adecuado no es la perfección.

  J.M. Sam

 

 

 

 

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Sabiduría es saber distinguir entre lo que necesita demostración y lo que no lo necesita (Aristóteles)